 |
|
 |
| |
 |
Franco Battiato, durante su última actuación en
España
|
 |
|
Alberto Bravo
Hay muchas cosas en Franco Batiatto (Catania, 1945) que obligan a pensar
que se trata de un tipo diferente, quizá excéntrico. Puede ser esa forma
de hablar, tan pausada, con un hilo de voz francamente débil. O su aspecto
físico, tan de otro tiempo. O sus reflexiones, más cerca de la metafísica
que del naturalismo. Pero, ante todo, es un gran músico y ahora presenta
«Il vuoto», su primer disco en tres años. Ayer lo tocó en Barcelona y este
domingo lo hará en Madrid, su primer álbum en tres años.
-Cada vez se toma más tiempo para publicar álbumes. ¿Es algo
premeditado?
-No. Simplemente sucede que cada vez cuesta más hacer
las cosas. Debe ser cuestión de edad, o también una cuestión de ánimo.
-Pero, en cambio, ofrece continuos recitales…
-Es mi destino. Supongo que no es un caso diferente al de mis otros
colegas. Componer, grabar, salir de gira… Pero lo que de verdad me
gustaría sería quedarme en casa, con mis lecturas, con los discos, con los
amigos, conversando de filosofía.
-Entonces, ¿le desagrada
actuar ante el público?
-No, no quiero decir eso. Lo mejor de
actuar es la actuación misma. Todo lo demás es fatigoso. Los hoteles, las
comidas, los viajes… Demasiadas cosas, demasiadas preocupaciones para mí.
-¿Tiene gustos tan eclécticos como parece?
-No. Desde hace 10 años prácticamente sólo escucho música clásica.
Realmente, pertenezco a ese mundo y me siento un impostor cuando transito
por otros estilos. Pero también siento que el deber de un músico es estar
abierto a todo tipo de influencias. Hay que conocer muchos tipos de música
para enriquecerte. Es como las religiones: puedes ser fiel a una, pero
debes conocer todas para fortalecerte.
-Ahora tiene 62 años. ¿Qué
queda de aquel Battiato de juventud que hacía discos tan transgresores
como «Fetus» o «Pollution»?
-Me extraña, aunque
también me llena de orgullo, que muchos músicos anglosajones de vanguardia
reconozcan estos discos entre sus influencias. Nunca se sabe cuándo estás
haciendo algo que trascenderá. Pero no me gusta mirar atrás. Me quedo con
lo que soy ahora.
-¿Y qué es?
-Un
músico que hace la síntesis de una vida. Alguien que intenta aprender, que
trata de plasmar en una partitura todas las influencias que ofrecen lo que
ha venido escuchando durante cincuenta años.
-Usted siempre se
ha caracterizado por su afán experimentador. ¿Cree que esta virtud se ha
perdido hoy en día?
-La experimentación es mi melodía. Amo la
vanguardia, ese afán de sentirte vivo como músico. La verdad es que
escucho pocas cosas de mi tiempo y quizá mi pérdida de interés por la
música contemporánea refleje que hay cierto acomodamiento en la música de
hoy. Pero no soy quién para criticar trabajos ajenos, y menos si no los he
escuchado con detenimiento.
-¿Qué tipo de espectáculo presentará en
Madrid?
-Llevamos una banda joven y muy trabajadora, además de tener
un talento fantástico. Venimos de triunfar en Italia, y cantar en España
es siempre una delicia por la atención que presta el público. Verán
canciones locas y osadas, ternura, belleza…
«Me llena de
orgullo que muchos anglosajones de vanguardia reconozcan mis discos entre
sus influencias», asegura