El siciliano Battiato llegó por fin a Granada, diez años después de cuando debía, pero al fin la asignatura de este personaje con nosotros ha sido superada. Y con nota para sus seguidores más efusivos, admiradores fieles de este personaje, esquivo y hermético a veces, pero con un sentido sarcástico de la existencia no exento de humor y carnalidad.
A diferencia de las últimas presentaciones que ha hecho, extremos conciertos con gran orquesta o simplemente con un teclado, en esta gira ha rearmado un grupo de once miembros y constatada perspectiva poproquera, lo que le permitió meterse al público en el bolsillo con su faceta más lúdica en detrimento de la melancólica.
Su aspecto de siniestro funcionario de Armani quedó dinamitado por su imagen escénica. No se sabe si dirigiendo una orquesta invisible o simplemente espantando moscas hasta perdió la compostura en diversos momentos empujado por la potente banda (de once miembros) que tuvo por detrás. Desde luego no parecía el intelectual riguroso ni el místico asceta contemplativo que en ocasiones ha aparentado ser o así nos han vendido, sino más bien un artista seguro de si mismo, poco amigo de protocolos concertísticos y con notables ganas de agradar. Incluso al abundante sector italiano del público, fans adolescentes en toda regla que no pararon de bailarlo, corearlo con gritos que rozaban la histeria y jalearlo con sus «¡Franco! , ¡Franco! ¡Franco!», ajenas completamente al estremecedor significado que aquí tienen estas palabras.
Battiato estuvo algo más de dos horas en el escenario salvando un receso que ofreció a su amigo el filósofo Manglio Sgalanboro como divertimento para que se marcara unos cabatereros 'Donna', 'La vie an rose' y un sorprendente a 'Me gustas tú' de Manu Chao. Abrió con una versión del 'Aria di neve' de Sergio Endrigo y acto seguido prometió un tono cercano al sinfonismo de 'La emboscada', con preponderancia del cuarteto de cuerda, pero no, el de Catania busca recomponer su imagen masiva y al cuarto de hora el concierto ya estaba encarrilado en otro sentido más asequible, que en algunas ocasiones traía a la memoria el empaque sonoro de unos Pink Floyd post 'Muro'. Battiato es una sampleador nato anterior a la invención del aparato y del término. Buen escuchador, en directo su música se realimenta indisimuladamente de la historia reciente del pop, cita continuamente, a la Velvet, a Dylan... tanto en palabra como en obra y en un tono de dialogo con ellos. Versiona a los Rolling ('Ruby Tuesday' , y en su último disco lo ha hecho con Hendrix) como si las canciones fueran un juego de construcción, que con un arreglo de cuerda, y un par de citas orientalistas se hace ya propio. No deja de ser irónica su relación con el pop anglosajón de siempre.
Todo el mundo esperaba lo que esperaba , y eso no eran canciones de 'Gomalaca', 'Fleur' o 'Foetus', material inédito aquí, sino el paquete de canciones que lo han hecho célebre en español. Y una vez más no defraudó, incluso cantando algunas en nuestro idioma: 'Bandera Blanca', 'Quiero verte danzar', 'Nómadas', 'El animal', 'La era del jabalí blanco', 'La estación de los amores', 'Trenes de Tozeur', 'Perspectiva Nevski', 'Centro de Gravedad' o 'Cucurucucu', con la que cerró el concierto. Y las hizo todas para solaz del personal. Lo que un personaje existencialmente próximo al italiano como Ray Davis denominó: «dar a la gente lo que ésta quiere».