Franco Battiato, el que se reveló en España a mediados de los ochenta con 'Yo quiero verte danzar', ha regresado estos días de gira por la península. A sus 57 años. Haciendo ascos al jabugo y al rioja, pero atiborrándose de zumos de naranja y quesos. «No he probado otra cosa desde que llegué», asegura Battiato, franco hasta en el carné de identidad.
-Usted, que detesta las masas, no debe de sentirse cómodo delante de un aforo de miles de personas.
-La masa es muy peligrosa cuando deviene una sola cosa y las ideas de cada uno no cuentan nada. Por eso el fútbol o las ideologías pueden resultar tan perniciosos.
-¿Necesita los aplausos, las avalanchas, o le incomodan por vulgares?
-Me gusta cuando cantas con una atmósfera un poco espiritual y ves que el público sintoniza perfectamente. Esto me interesa más que el aplauso. El aplauso es un ritual.
-Si no tuviera que ganarse la vida, ¿se encerraría a cantar para sí mismo en lugar de hacer giras?
-Sin duda. Me agrada estar siempre conmigo, no porque me guste mi persona, sino porque el silencio es mi condición natural y mi forma de entender la vida. Silencio quiere decir comprender el sa-cro del vivir. Es muy interesante.
-¿Por qué se hizo cantante entonces? Hasta sus padres se oponían.
-Mi primera idea sí fue buscar dinero. Pero, después, las cosas cambian. Y las ganas de éxito se convierten en lo contrario.
-¿Qué caprichos tiene ahora?
-No soy un tipo caprichoso. Sólo me interesa lo que necesito.
-¿No colecciona coches o chalés?
-No. Para mí, las cosas materiales carecen de interés. Cuando un cantante tiene la fortuna de alcanzar el éxito, debe evitar convertirse en un sibarita.Es una desgracia.
-Tampoco reside en una chabola
-No. En verano vivo en una casa muy hermosa del siglo XVIII, en una zona rural de Catania (Sicilia). Pero lo importante no es el lujo, sino el espacio; vivir y no encontrarte con nadie.
-¿Cuánto gasta al día?
-Muy poco. Me interesa el dinero porque te permite hacer las cosas que deseas, pero nunca pienso en él con afán de tener más.
-¿A quién dejará su fortuna? No tiene hijos.
-A la hija de mi hermano.
-Su sobrina debe de agradecer al sufismo la austeridad del tío, supongo.
-El sufismo es una religión extrema, como el budismo. Los místicos sufís dejan todo por el seguimiento de Dios, por pensar todo el día y no hacer mal a nadie.
-¿Cómo llegó a esta religión?
-De joven, estaba obsesionado por conocerme a mí mismo. Me hacía siempre las mismas preguntas: ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas? Compraba libros, y en uno descubrí el sufismo.
-¿Qué encontró en esta doctrina que no obtuviera del cristianismo?
-En el sufismo, se practica la meditación. No es como la religión occidental, donde te limitas a repetir 'Padre nuestro, que estás en el cielo...', sin pensarlo. Aquí, reflexionas.
-¿Para qué pregunta quisiera hallar respuesta?
-Para muchas. Pero también me gusta saber que todavía quedan muchas cosas por descubrir.
-¿Se ve genio, poeta o filósofo?
-Me considero un hombre. Y espero no equivocarme en mi percepción.
-¿Cuál es el primer recuerdo suyo que conserva?
-Es una cosa peligrosa. Tengo conciencia prenatal, de antes de nacer.
-¿Cómo?
-Creo en la reencarnación. Cuando una energía entra en el feto de una mujer, empieza la vida. Y yo recuerdo perfectamente mi entrada.
-Un místico como usted, ¿pierde el tiempo en enamorarse de la carne?
-Soy célibe y ya no me voy a enamorar más, espero. Aunque pienso que el amor es maravilloso.
-Cantó en Irak durante la Guerra del Golfo en apoyo de Sadam Hussein. ¿Actuaría ahora para Arafat?
-Sí, encantado.
-¿Y para BinLaden?
-No. Los talibanes son como la Inquisición.